Hace años atrás en Rinconada de Los Andes, zona de agricultores y de cáñamo, el paisaje lo decía todo álamos, sauces... muchos sauces junto a las acequias, diferentes tipos de arboles frutales duraznos, damascos, membrillos, naranjos todos muy cerca los unos con los otros, caminos de tierra con bordes de moras, vacas y toros por doquier paseando a sus anchas, acequias con agua cristalina que bajaba de la Cordillera de Los Andes, que por cierto en invierno era muy helada, tanto que se escarchaba formando una película de hielo. Era común ver distintas clases de aves como jilgueros, tórtolas, zorzales que cantaban deleitando el oído de cualquiera que lo oyera; la quietud del lugar daba paso y permitía distinguir todos los sonidos de la naturaleza, el agua y el rechinar de las piedras corriendo por las acequias, el aletear de los pájaros, el ruido de las ramas y pastos por el viento que soplaba suave y cálido en las tardes de verano. De pronto a lo lejos se escuchaban pasos de caballos tirando carretas que trasladaban de un lugar a otro cuando se requería del único almacén del pueblo. Y adivinen, ahí estaba la señora Humilde, porque así se llamaba, atendía con la típica lentitud de un pueblo donde el estrés no era una palabra ni un estado que ellos conocieran. La gente veía pasar el tiempo aburridamente y pendiente por lo mismo de que algo fuera de lo común sucediera a su alrededor; así es como la señora Maruja que si no estaba en la puerta, estaba en la ventana, se enteraba que había llegado una nueva familia al lugar. Se trataba de la Familia Orellana Valenzuela, oriunda de La Ligua, constituida por Silvia y Abel los padres junto a sus hijas Pabla, Victoria, Isabel, Alicia, Enrique y Eliana la menor de los hermanos.Todos muy jóvenes causaron curiosidad no sólo en la señora Maruja sino además, en los varones del pueblo por la cantidad de mujeres que había llegado a vivir en ese lugar.
El padre había sido trasladado junto a su familia a la planta generadora de agua ESVAL, por esta razón inmediatamente recibieron el seudónimo de "ratones del agua". La familia al llegar quedó impresionada con el paisaje a su alrededor, la casa totalmente de madera y con muchas ventanas se encontraba en medio de dos sauces inmensos con un pasillo largo repleto de flores y plantas muy diversas en color y altura. ¡Que hermoso jardín veían las hermanitas Orellana!
Todos corrieron y entraron a la casa, en el patio trasero pudieron distinguir una gran variedad de arboles, duraznos peludos y pelados muy grandes, a un costado divisaron algo que sería un gallinero; que no fue difícil con el pasar de los días encontrar en él muchos pollos, gallinas y gallos, patas y patos y los "infaltables" perros y gatos deambulando alrededor de la casa y del gallinero.
Al pasar el tiempo, todos se fueron adaptando, Abel el padre comenzó a tener amigos, al igual que sus hijas e hijo. Un buen día o mal día uno de sus amigos se compró una motocicleta, la única que existía en el lugar hasta ese momento, y se les ocurrió salir a practicar en ella. Abel un hombre serio, pero que gustaba de la vida social y de disfrutar con sus amistades, le pareció muy divertida la invitación. Todos estaban felices por poder conducir la novedad, hasta que fue el turno del "ratón del agua" él con su gallardía y prestancia no le fue difícil manejar la motocicleta, a su regreso se veía venir Abel por ese camino de tierra polvoriento a gran velocidad ... todos gritaban ¡cuidado! ¡cuidado! al parecer él no escuchó y se estrelló contra una piedra que estaba en medio del camino y que él no pudo esquivar. Todos corrieron a ver como estaba, por supuesto, lo encontraron empolvado y adolorido por la caída y como pudieron lo levantaron, pero antes que lo regresaran a su casa la noticia ya había llegado a oídos de Silvia, quien estaba preocupada pero también muy enojada porque ella había advertido a ese hombre porfiado lo que podía suceder. Pero eso no era lo más grave, sino que al día siguiente vendrían los jefes de Santiago a supervisar la planta, Abel que claramente no estaba en condiciones de poder recibirlos puesto que parecía una momia después del accidente tuvo que aceptar lo que se venía.
El ratón del agua tenía dos opciones, enfrentar a sus jefes así y contarles lo sucedido con el riesgo de ser despedido o bien aceptar la gran idea de uno de sus amigos de hacerse pasar por él.
Al otro día, su amigo, el Aguilera recibió junto a su esposa e hijos a la gente de Santiago y con los cuales tuvieron que compartir desayuno y un laaaaargo almuerzo con ellos siempre haciéndoles creer que él era Abel.
Abel que no estaba muy contento en su dormitorio oyendo lo que sucedía, no le quedó más remedio que resignarse y aprender una gran lección que al parecer era "nunca debo ignorar los consejos de mi esposa... aunque me digan macabeo".
La Familia Orellana Valenzuela siguió viviendo por muchos años más en el campo, es decir, en Rinconada de Los Andes con su característica de siempre continuó teniendo aventuras como ésta, que obviamente serán parte de otro cuento.
Fin